Pese a las noticias alentadoras entregadas hace algunas semanas por parte de las autoridades gubernamentales y deportivas en distintos países de Latinoamérica, que daban cuenta de una pronta reactivación del golf, a los primeros días de junio todavía dicha actividad sigue restringida en buena parte de nuestros campos en Latinoamérica.

Mientras en países como Puerto Rico, Uruguay y Costa Rica el golf ya está de regreso, en otros como Argentina y México la apertura es parcial, concentrándose en zonas específicas e inclusive, en el caso del país del norte de la región, recibiendo la llegada de nuevos clubes como afiliados a la Federación Mexicana de Golf.

Paraguay y Bolivia todavía no acogen medidas específicas para el regreso de la práctica del golf, mientras que Brasil ha concentrado más sus esfuerzos en apoyar a los golfistas y a los clubes con reducciones en costos como hándicaps y servicios, alineándose con las directrices emanadas por el gobierno y a la espera del desarrollo de la pandemia. Como se sabe, Brasil ha sido uno de los países más golpeados por el COVID-19.

Venezuela y Ecuador no han obtenido respuesta definitiva a sus respectivos protocolos enviados el pasado mes de mayo, mientras que Chile, que de hecho había abierto ya algunos clubes un par de semanas atrás ante la ausencia de Cuarentena Obligatoria, echó para las medidas al confinar a los habitantes de las principales ciudades al aislamiento. En Santiago, por ejemplo, se entró en etapa de confinamiento apenas hace un par de semanas, prolongando dicha situación sobre la marcha.

Por el momento, hasta mediados de junio está programado que se mantengan las actuales condiciones, con la posibilidad que siga extendiéndose con base en las cifras que arrojen los organismos de salud en el país austral, otro de los que en los últimos días ha crecido en contagios.

Perú y Colombia, finalmente, presentan una situación contradictoria, al contar en teoría con el aval para volver a la práctica del golf de manera parcial, pero sin claridad sobre cómo hacerlo. En ambos casos, la sin salida se presenta con el hecho que, si bien en teoría la práctica del golf está autorizada para los deportistas de alto rendimiento, los campos no están habilitados, lo que impide que este hecho se concrete.

Como se sabe, el golf en varios de nuestros países está incluido dentro de un grupo de disciplinas consideradas de bajo riesgo, por lo que la normatividad considera distintas variables que, en algunos casos, no aplican al golf.

En Perú, por ejemplo, el campo público de San Bartolo sí está autorizado para abrir sus puertas, aunque el escenario no cuenta con la totalidad de servicios ideales para la práctica. Los clubes, en su totalidad, no están habilitados.

La situación en Colombia es similar. En el caso del país cafetero la totalidad de los campos tanto públicos como privados mantienen la restricción, configurando lo que se considera como una etapa previa a lo que sería la reactivación, la cual se daría teóricamente en principio en julio.

Con este panorama, los golfistas de la región deberán esperar todavía algunas semanas más para volver a poner la bola en el ‘tee’, aplicando la nueva realidad que abrazará nuestro deporte y que incluye un drástico cambio en la manera en la que solíamos jugar.

 

 

 

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